DESCRIPCIÓN
Antigua plaza fuerte de la que se conservan parte de sus murallas, su planta cuadrangular con plano regular es propio de las bastidas francesas. Fundada por Sancho VII el Fuerte agrupando tras sus murallas a la población de las aldeas vecinas para asegurar la frontera con Castilla, fue dotada del Fuero de Logroño, lo que sin duda facilitó su desarrollo como villa que ofrecía sus servicios al peregrino. En la actualidad, Viana se ha convertido en un centro comarcal, de economía agraria, donde recientemente se han instalado importantes industrias.
QUÉ VER Y QUÉ HACER
En el interior de la ciudad destacan los siguientes conjuntos artísticos:
Iglesia de Santa María. Construida en estilo gótico durante los siglos XIII y XIV, cuenta con importantes adiciones y reformas de los siglos posteriores. De aire catedralicio, destaca por su portada sur de estilo manierista y por custodiar en su interior hermosas pinturas y el magnífico Retablo de Santiago.
Casa Consistorial y Balcón de Toros del Ayuntamiento. Edificio civil barroco de piedra sillar con soportales, balconaje, monumental escudo en el ático y torres de ladrillo a los lados.
Palacios y casonas hidalgas. En el recinto amurallado podemos encontrar multitud de ejemplos de arquitectura civil de los siglos XVI, XVII y XVIII.
En las inmediaciones de la localidad, destacamos las siguientes actividades:
Visita a la Laguna de Las Cañas. Este humedal, declarado Reserva Natural y Zona de Especial Protección para Aves, está habitado por carpas y barbos y ofrece refugio a gran cantidad de cigüeñas y aves acuáticas como garzas, patos, cormoranes y ánades reales. Cuenta con un apañado centro de observación e interpretación de aves acuáticas dotado de prismáticos y telescopios.
Visita al Hipogeo de Longar, sepulcro megalítico de unos 4.500 años de antigüedad.
No es extraño que en nuestro paseo por esta ciudad caigamos en la tentación de comprar alguno de los productos de la tierra como sus famosos champiñones, embutidos, galletas y vinos denominación de origen Rioja.
CURIOSIDADES Y LEYENDAS
Curiosidades
Sobre el origen de su nombre, dos son las teorías que se manejan. Hay quien apunta a que deriva de su condición de "vía", es decir, de lugar de paso de la ruta jacobea. Por otro lado, hay quien lo conecta con Diana, diosa pagana y señora de brujas y hechiceros medievales.
No olvidemos que, según la tradición, en las cercanas Charcas de Viana se celebraron varios akelarres durante el siglo XVII con la participación del famoso "brujo de Bargota" y presididos por la Ciega Endregoto, que acudía a estos eventos volando sobre murciélagos, búhos o esqueletos de animales.
Viana es también cuna del jesuita Francisco de Alesón (1.633-1.715), cronista del Reino de España, y del novelista romántico Francisco Navarro Villoslada (1.818-1.895).
Un ilustre sepulcro
Bajo las losas del atrio de la colegiata de Santa María, en Viana, yace un ilustre personaje renacentista. César Borgia, hijo del Papa Alejandro VI, obispo de Pamplona a los 16 años, cardenal a los 19, generalísimo de los ejércitos de la Iglesia a los 22 y cuñado del rey de Navarra a los 24, su figura ha hecho correr ríos de tinta hasta convertirse en un personaje legendario. Al parecer, incluso fue uno de los personajes en que Maquiavelo se inspiró para escribir su famosa obra "El Príncipe".
Nombrado Condestable de Navarra por su cuñado Juan d´Albret, en 1.507 durante una escaramuza contra el conde de Lerín muere este personaje recibiendo sepultura en la ciudad de Viana. Los vecinos cuentan que, tras varios traslados, el siglo pasado se realizó el entierro definitivo con tierra de Viana y Valencia (los Borgia eran en realidad la familia Borja, oriunda de Valencia) y sobre su tumba un niño y una niña, que de adultos resultaron casados, colocaron flores de ambos lugares. Incluso parece que al niño se le cayó una canica dentro de la tumba y todavía está allí.
Un príncipe salvado
Carlos III el Noble instituyó para su nieto Carlos el Principado de Viana, título reservado desde entonces a los sucesores a la Corona de Navarra. A las afueras de la ciudad se alza el monasterio de San Juan del Ramo, al parecer llamado así porque fue levantado por el Príncipe de Viana como agradecimiento porque en este paraje la rama de un árbol lo salvó de un rayo.
Un gallinero muy especial
También a las afueras de Viana, en un paraje conocido como La Orden, al parecer existió una fundación de origen templario donde los lugareños sitúan la tumba de "la gallina de los huevos de oro" y sus doce polluelos.
El beso del zapatero
En el prado de Cantabria, en las inmediaciones de Viana, se celebraban los sábados por la noche akelarres en los que se adoraba al carnero, símbolo del diablo. Un zapatero remendón de los alrededores solía participar. Para quien no sepa, los brujos usaban de untarse algunas partes del cuerpo con un ungüento que les permitía volar con el palo de la escoba. Ufano salió cierto sábado nuestro zapatero diciendo: "Untados los pies, sobaco y barriga, ¡Suba el zapatero chimenea arriba!" y volando llegó al prado.
El ritual que cerraba la celebración consistía en depositar un beso en el ano del carnero. Cuando le tocó el turno al zapatero, el macho cabrío soltó una tremenda, ruidosa y apestosa ventosidad que casi tira de espaldas al pobre zapatero. Este, con ánimo de revancha, acudió el sábado siguiente con una afilada lezna que clavó en el ano del carnero en el momento del ósculo a lo que éste respondió: "Aquesta bruja que ahora ha besado traiga el bigote mejor afeitado" y prorrumpió en sonoras carcajadas. Viendo el remendón el poco daño que al diablo le hacía, arrojó lejos la ensangrentada lezna y nunca volvió a acudir a estos diabólicos encuentros.
Endregoto, la bruja de Viana
Famosa fue también en estas tierras Endregoto, una bruja ciega de la que se decía que, entre otras cosas, devolvía la juventud. Así lo creyó un incauto conde que acudió a ella con tal fin. Procedió la bruja a despedazarlo y en una marmita mezcló los trozos con su poción mágica, pero el conde no sólo no recobró la juventud sino que ni siquiera recobró la vida. Así, sin comprender qué fue lo que falló, murió Endregoto en la hoguera.
Los dos muleros
Dos muleros navarros, con siete mulas cada uno, decidieron hacer un trayecto juntos y para amenizarlo apostaron. Las apuestas subieron de tono hasta que uno de ellos perdió las siete mulas. Quedó el ganador ufano y el perdedor desolado, y más que hubiese quedado si se entera de que le ganaron con trampas, pero nunca lo supo. Separáronse pues, y el perdedor se dispuso a pasar la noche bajo un puente junto a las charcas de Viana llorando su desgracia. Sin embargo, cuál no sería su sorpresa al ver que en un prado junto al puente se celebraba una extraña fiesta que reconoció como un akelarre, tan desenfrenado era el baile, tan arrugadas y horribles las viejas que participaban y tan escasas sus ropas.
No demoró en escuchar cómo la que parecía jefa comenzó a burlarse de cierta señora diciendo: "Siete años lleva enferma y así morirá. Hay bajo una losa de la iglesia un sapo que en su buche tiene un pedazo de hostia. Sólo si come ese pedazo sanará, pero nunca lo encontrará:" Y todas prorrumpieron en estridentes gritos y horribles carcajadas. Al mulero le faltó el tiempo para encontrar a la enferma y contarle su remedio. Fue con el marido a la iglesia y allí encontraron la sagrada forma que curó a la señora. Agradecido, el esposo preguntó al mulero qué quería de pago. Este pidió siete mulas y aquél se las entregó y además dinero para siete más.
Unos días después se encontraron los dos muleros. El tramposo estaba arruinado pues una epidemia acabó con sus 14 animales. El otro le contó lo sucedido y le dijo: "En tal puente encontré la solución a mis problemas", así que el arruinado tramposo acudió al puente y se puso a espiar a las brujas justo cuando la jefa decía: "La mujer enferma sanó. Eso quiere decir que alguien nos espía y escuchó la solución. Miremos en el puente a ver si hay alguien ." Así encontraron al mulero y éste encontró la muerte.