Poblacion Torres del Rio del Camino de Santiago que www.infocamino.com pone a su disposición. Para acceder a esta información pulse aquí

DESCRIPCIÓN

En las laderas de una colina, en un paraje pintoresco y con hermosas vistas, se asienta el irregular trazado de Torres del Río. Este pacífico pueblo de vocación cerealista y vinícola guarda en sus calles oscuros secretos de antiguas órdenes militares y su iglesia se constituye en homenaje al mestizaje de culturas a través de la arquitectura del Camino de Santiago.

Torres del Río es un pueblo con encanto que envuelve al peregrino y le invita a detenerse, a reposar y disfrutar en sus mesones de una de las mayores riquezas de la localidad; el vino. Descubramos sus misterios recorriendo sus estrechas calles repletas de monumentales caserones barrocos con blasones en las fachadas y visitando sus conjuntos artísticos más significativos.

QUÉ VER Y QUÉ HACER

Iglesia de San Andrés. Levantada en el siglo XVI en estilo gótico-renacentista sobre otra anterior de origen medieval.

Iglesia del Santo Sepulcro del siglo XII-XIII. Obra maestra del románico español, su planta octogonal es propia de la Orden del Temple y la cúpula de crucería recuerda al Mihrab de la mezquita de Córdoba. Destaca la misteriosa iconografía de sus capiteles.

CURIOSIDADES Y LEYENDAS

Curiosidades

Según las crónicas, Torres del Río fue invadida por los musulmanes y recuperada por Sancho Garcés I a principios del siglo X tras la conquista de Monjardín.

En el siglo XII, los Caballeros Templarios del Santo Sepulcro levantaron un santuario de planta octogonal que pretendía ser una réplica del Templo del Santo Sepulcro en Jerusalem. La linterna de su cúpula, llamada popularmente "linterna de los muertos", pudo funcionar como faro que guiaba a peregrinos desorientados o como aviso luminoso que anunciaba la muerte de un peregrino. Su disposición semejante a Eunate podría indicar su utilización como cementerio de peregrinos. Sus influencias mudéjares y bizantinas la conectan con la arquitectura sagrada de los sufíes orientales y rodean de misterio y una gran carga esotérica a esta construcción que al parecer sirvió de sede para rituales de diferentes órdenes militares hasta el siglo XIX.

El peregrino que perdió su sombra

Un peregrino caminaba a la altura de Torres del Río agotado y hambriento cuando le dio alcance un desconocido ricamente ataviado y de maligna mirada que le ofreció la posibilidad de llegar a ser tan rico como él a cambio de que le entregase su cuerpo y su alma en el momento de la muerte. El peregrino, comprendiendo que el desconocido no era sino el diablo, respondió: "El cuerpo pertenece al alma, y ésta a Dios, así que no puedo entregar lo que no es mío".

El diablo, entonces, se echó al cuello del peregrino para estrangularlo, pero éste, dando un salto, proyectó su sombra sobre el agresor que se enzarzó en una pelea con ella desapareciendo y llevándosela para siempre. El peregrino quedó sin sombra pero salvó su alma.

Juanis, el jocoso brujo de Bargota

Muchas son las leyendas que se han tejido alrededor de este personaje nacido en Bargota, muy cerca de Torres del Río, formado como clérigo en la prestigiosa Universidad de Salamanca y como brujo y nigromante en la no menos nombrada Cueva de esta ciudad.

Regresó a su pueblo natal para ejercer su santo ministerio, pero lo que le hizo pasar a la memoria colectiva de las gentes fueron más bien sus trastadas, que realizaba aprovechándose de sus poderes sobrenaturales.

Cuentan que Juanis tenía unos amigos prodigiosos, llamados enemiguillos, que son unos geniecillos de color negro y del tamaño de un mosquito, que guardaba en un alfiletero. Al destaparlo, los enemiguillos salían revoloteando alrededor de su cabeza demandando insistentemente la realización de una actividad. Cuando Juanis llegó a Bargota destapó el alfiletero y ordenó a estos seres que hiciesen un montón con todas las piedras de los alrededores, que luego utilizó para levantar su casa en un solo día. Aunque se dice que la casa, que todavía esté en pie pero casi nunca habitada, está incompleta, pues le falta una piedra que nunca nadie pudo colocar.

Tenía también Juanis una capa mágica que le permitía, montado en una nube, viajar en poco tiempo a sitios lejanos. Este era el medio que utilizaba para acudir a los akelarres de los Montes de Oca, en Burgos, y no era raro verlo en días soleados llegar a celebrar misa cubierto de nieve mientras exclamaba "¡¡Cómo nieva en Montes de Oca!!". El mismo medio utilizaba para acudir a los akelarres del prado de Cantabria, junto a las charcas de Viana, llegando en días secos cubierto de barro y exclamando: "¡¡¡Aquello más que un prado es un barrizal!!!"

A pesar de la fama de brujo y nigromante que le acompañó, no nos quedan noticias de actividades realmente dañinas para sus vecinos, sino que más bien las anécdotas se entienden como "trastadas" propias de una mente ingeniosa y traviesa. Así, por ejemplo, encontrándose en Pamplona, en fiestas de San Fermín, le tocaba compartir habitación con dos clérigos que al parecer no le eran simpáticos y, dándoles las buenas noches, se desenroscó la cabeza y la depositó sobre la mesilla. Los clérigos huyeron despavoridos y Juanis se quedó con la gran cama para él solo.

También gustaba de utilizar sus poderes y facultades sobrenaturales para hacer la vida más fácil a sus vecinos y para castigar a quienes se portaban mal con ellos. Cuentan, por ejemplo, que en aquellos tiempos merodeaba por la comarca un famoso bandido llamado Juan Lobo que era amigo de Juanis. Cierta noche que la autoridad lo buscaba corrió a refugiarse en casa del brujo. Quedó la autoridad vigilando la puerta esperando que saliera, cosa que nunca ocurrió. Al parecer Juanis lo convirtió en un gato negro para que pudiera escapar a cambio de que el bandido nunca asaltase a los vecinos de Bargota. El bandido cumplió su palabra y hoy día tiene una calle dedicada en el pueblo.

También se cuenta que un vecino del pueblo tenía una deuda con un usurero que le perseguía a todas horas reclamando el pago. Cierto día Juanis lo encontró abatido porque el pago de la deuda estaba acabando con sus ingresos y no podía sostener a la familia. Juanis se comprometió a arreglar el problema y, reuniéndose con el usurero, le propuso entregarle en pago de la deuda, más un nuevo préstamo, doscientos chivos que en su corral tenía. Así se hizo y pasaron al corral del usurero. Cuando éste, al día siguiente, fue a sacarlos del corral vio que salían de uno en uno haciéndole reverencias. Al ver cosa tan extraña el usurero exclamó: "¡¡En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo!!". Fue decir esas palabras y los chivos desaparecieron para siempre sin dejar rastro.