Etapa Artieda-Sanguesa del Camino de Santiago que www.infocamino.com pone a su disposición. Para acceder a esta información pulse aquí
Aunque la presente no es la última etapa de la ruta conocida como
Camino Aragonés antes de unirse al Camino Francés, será la última que discurra por tierras
aragonesas, ya que la Comunidad Foral de Navarra nos da la bienvenida al final del jornada. Abandonamos
también la Canal de Berdún y el valle del Aragón para transitar hacia la montaña, las colinas boscosas del territorio
occidental de la Comarca de las Cinco Villas (Ejea de los Caballeros, Sádaba, Sos del Rey Católico, Tauste y
Uncastillo).
Aunque la etapa propuesta atraviesa las soledades de la muga navarro-aragonesa y solamente pasa por dos pueblos,
Ruesta y Undués de Lerda, contamos también con la opción de desviarnos hacia Yesa donde
enlazamos con la ruta que rodea el pantano por su cara norte para seguir esa ruta hasta Sangüesa pasando por el castillo
de Javier. De todas formas, sólo recomendamos seguir de Ruesta a Yesa si pensamos pernoctar en este lugar para poder
visitar al día siguiente el cercano Monasterio de Leire. De otra manera no merece la pena alargar la etapa.
Cuenta además con albergue, por lo que se convierte en una opción de convertirlo en final de etapa si no nos
encontramos con fuerzas para hacer frente al último tramo de la jornada.
Dejamos atrás Artieda y un nuevo conjunto de suelos de formas
erosionadas que presentan extraños relieves no da paso a la ribera del pantano de Yesa. Desde este punto cambia
radicalmente el medio en que nos movemos. De las tierras áridas pasamos al bosque de pinos y robles
que se ha formado a orillas del pantano. Las vistas sobre campos cultivados y extensos yermos las cambiamos
por las panorámicas del pomposamente llamado Mar de Aragón.
Desde luego, la caminata se hace mucho más amena y gratificante a la sombra de este bosquecillo. A mitad de recorrido
podemos admirar al otro lado del pantano los pueblos de Tiermas y Escó. En Tiermas hubo en su momento unas aguas
termales, de ahí su nombre, que ya Picaud menciona como Baños del Rey. Hoy en día están anegadas por las aguas del
pantano.
Los restos de la ermita románica de San Juan Bautista nos anuncian la
llegada a RUESTA. Un pueblo semiabandonado, aunque hay planes del Gobierno de Aragón para su
recuperación, con forma alargada que presenta los restos de un castillo (dos torreones y paño de muralla) en un
extremo y la iglesia de Santa María con una torre de aspecto defensivo en el otro. Entre las ruinas de las casas
abandonadas sobresalen algunas fachadas de casonas de los siglos XVI al XIX.
Abandonamos Ruesta a través de una calzada empedrada que nos lleva hasta el puente de madera mediante el que
salvamos el río Regal justo antes de que se entregue al pantano. Una breve subida entre robles nos conduce a la
ermita de Santiago, románica del siglo XI que contó con hospital para peregrinos.
A través de pistas forestales continuamos nuestro ascenso hacia el alto de Peña Musera. Son aproximadamente cinco
kilómetros de subida no excesivamente dura ni abrupta pero que puede llegar a cansarnos por su longitud. El paseo, de
todas formas, se hace agradable al transcurrir a la sombra de bosques de repoblación a base de coníferas que se
combinan con parches de robledal original. En el alto se abre ante nosotros una meseta de campos cultivados y
disfrutamos de unas magníficas vistas panorámicas de Undués de Lerda y parte del valle de Sangüesa.
Dejamos en el alto del puerto la preciada compañía del arbolado para iniciar un rápido descenso entre campos cultivados
y algunos encinares y arbustos. El tendido descenso nos conduce a través de pistas hasta un tramo de calzada
romana que todavía conserva su empedrado, aunque en estado precario. Siguiendo la calzada, damos una revuelta
para encontrarnos a orillas del Arroyo Molinar. Salvado este curso de agua, un repecho guía nuestros pasos hasta
UNDUÉS DE LERDA.
Constituye este pueblo, tan escasamente habitado como los
anteriores, un conjunto de casonas, algunas de ellas blasonadas, dispuestas como un racimo en torno a la
iglesia parroquial de San Martín, del siglo XVI, que conserva un coro gótico-mudéjar y una pila bautismal del siglo
XIII en su interior. Destaca un edificio entre los demás; un antiguo palacio del siglo XVI edificado por el arzobispo
de Zaragoza ha sido rehabilitado y presta hoy funciones como ayuntamiento, consultorio médico y albergue de
peregrinos.
Es desde este punto desde donde podemos tomar el desvío que nos lleva a Yesa si es de nuestro
interés. Como ya dijimos, solo tiene sentido si se va a visitar desde allí el Monasterio de San Salvador de Leyre.
Situado a cuatro kilómetros de Yesa a media ladera de la sierra de su mismo nombre e inmerso entre bosques y paisajes
bravíos y con excelentes vistas al pantano, se dice que es fundación visigótica. Destruido por Almanzor, fue reconstruido
por Sancho el Mayor de Navarra. Fue sede episcopal y panteón de los Reyes de Navarra. Quedan restos
visigóticos en algunos basamentos, destaca por su desconcertante cripta, del siglo XI con fustes
desiguales y desproporcionados capiteles con tallas de traza arcaica, y especialmente la Puerta Speciosa, del
siglo XII, bellísimo ejemplo de románico.
Desde el Monasterio, una senda nos conduce a la fuente de San Virila. Cuenta la leyenda
que este monje, allá por el siglo X salió un día a pasear por los alrededores y, parando junto a una fuente y meditando
sobre el misterio de la eternidad, se dejó seducir por el canto de un avecilla y cayó en éxtasis. Cuando despertó del
ensueño encontró las sendas cambiadas y nadie lo reconocía en el monasterio. Habían pasado 300 años y solo el
archivero pudo desentrañar el misterio al encontrar anotada la desaparición del monje siglos atrás.
Retomemos la ruta propuesta para la jornada abandonando Undués de
Lerda a través de pistas de concentración parcelaria. Un monótono trayecto entre campos cerealistas nos conduce a los
límites de Aragón con Navarra. Cruzado el Canal de las Bardenas encontramos el mojón que anuncia nuestra
entrada a la Comunidad Foral. En breve encontraremos el cruce de la carretera que conduce al castillo de
Xavier, distante tres kilómetros desde este punto.
Este castillo medieval fue cuna de San Francisco de Javier, patrono de las misiones y de Navarra, uno de los primeros
seguidores de San Ignacio de Loyola y misionero en las lejanas tierras de China y Japón. Durante el año 2.006 se celebra
el V Centenario de su nacimiento y por tanto es un buen momento para realizar una breve visita y admirar su recia
torre del homenaje, sus frescos de la Danza de la Muerte, su museo y el
Crucificado gótico que se dice sudó sangre a la muerte del santo y que hoy muestra una sonrisa en su gesto.
Javier es destino de masivas romerías desde todos los puntos de la Comunidad Foral durante los primeros fines de semana
de marzo.
Llegamos por fin a SANGÜESA, una de las villas más
jacobeas de Navarra. Destaca su iglesia de Santa María la Real, joya románica de los siglos XI y XII, con su
magnífica portada que congrega hasta 300 figuras entre ellas una curiosa talla de un pequeño Judas desnudo
y ahorcado, única en el mundo. Cuenta también con la iglesia del Salvador (siglo XIV) y la de Santiago
(siglos XIII y XIV), el palacio del Príncipe de Viana (siglos XIII y XIV) y el barroco palacio de
Vallesantoro.
Cabeza de una fértil cuenca agrícola, el producto más renombrado de la gastronomía local son sus
alcaparrones o pochas (judías blancas tiernas) que a partir de septiembre se endurecen pasando a ser
alubias. No debemos dejar de saborearlas acompañadas de jarretes (pantorrillas) de cordero, otro
plato típico. De postre, la repostería local ofrece las tortas de txantxigorri, las tartas de almendra (teobaldos) y
las yemas de gloria. Todo esto deberá regarse con vinos de la tierra, de recio cuerpo y fuerte sabor.
Como recuerdo se pueden adquirir trabajos en forja o tallas de madera, productos que hicieron famosos a los artesanos de
la localidad.
Las fiestas patronales se celebran del 11 al 17 de septiembre con encierros y corridas de toros, baile diario de la Jota Vieja
y Subidica y Bajadica del Prao todos los días a primera hora de la mañana.