Etapa Jaca-Arres del Camino de Santiago que www.infocamino.com pone a su disposición. Para acceder a esta información pulse aquí
Nos disponemos a dejar atrás definitivamente la muralla de los Montes
Pirineos y sus umbrosos valles poblados de hayas y robles para iniciar una jornada que nos llevará,
siguiendo el curso del río Aragón, hasta Arrés. Entre las sierras del prepirineo exterior y el interior se
extiende este corredor en forma de ancha meseta que aprovecha el río Aragón para fluir hacia el oeste por el canal que
ha excavado a lo largo de los siglos, la Canal de Berdún, a la sombra de chopos, robles y sauces. La etapa
discurre paralela al curso de la carretera N-134 cruzándose con ésta en algunos puntos, solapándose con ella en otros, a
través de campos destinados a los cultivos de cereales.
No es una etapa especialmente dura, ya que discurre por el valle, pero sí cuenta con subidas a algunas
laderas huyendo del trazado de la carretera. La etapa presenta la posibilidad o la opción de dar un rodeo para
acercarnos a los monasterios de San Juan de la Peña y Santa Cruz de la Serós. Aunque no se ha considerado
históricamente como parte del Camino de Santiago, muchos peregrinos optaron y optan por visitar estos santos y hermosos
lugares. Si decidimos hacer lo propio, no es recomendable extender el recorrido hasta Arrés, sino pernoctar en Santa Cruz
de Serós o Santa Cilia de Jaca.
Abandonamos Jaca buscando la ermita de la Victoria y el cementerio y pasados éstos atravesamos el río Gas para
encontrar inmediatamente después el desvío perfectamente señalizado que nos acerca a San Juan de la Peña o nos
permite seguir rectos hasta Santa Cilia de Jaca. Si decidimos esto último, seguiremos paralelos a la carretera avanzando a
la sombra de choperas y robledales hasta superar el poblado militar de Batiellas, avistar y dejar atrás la Torre del
Moro y, caminando a media ladera, alcanzar SANTA CILIA DE JACA.
Si optamos por tomar el desvío hacia San Juan de la Peña,
disfrutaremos de una impresionante combinación de naturaleza y arte inolvidable. Una apreciable pendiente asciende para
superar la sierra y desciende hacia Atarés. Desde este lugar, el ascenso es continuado hasta enlazar con la
carretera que nos lleva al MONASTERIO DE SAN JUAN DE LA PEÑA. En pocos lugares como en éste hombre y
naturaleza se dan la mano para dar lugar a un paraje tan bello, sazonado además por la historia, el mito y la leyenda que
rodean su fundación y sus siglos de existencia.
Consta de dos partes separadas; la parte alta o nueva solo conserva la iglesia conventual del siglo
XVII ya que fue arrasado durante la Guerra de la Independencia. Sin embargo, su mayor encanto radica en los
espectaculares miradores de San Voto, sobre la parte baja del Monasterio, Santa Teresa, hacia la Peña Oroel
y las sierras prepirenaicas, y el de Balcón del Pirineo, hacia el macizo pirenaico. La parte baja o vieja compone un
conjunto artístico muy singular y de incomparable belleza. Consta de diversas estancias excavadas en parte en la misma
roca que sobresale exageradamente para crear un voladizo sobre el edificio sirviéndole como techo. Destacan la
Iglesia Antigua, mozárabe del siglo X, la Sala del Concilio con sus recios pilares, el Panteón
de Nobles, su Iglesia Nueva, románica del siglo XI con los ábsides excavados en la roca, el Panteón
Real donde descansan los primeros reyes aragoneses y el espectacular Claustro. Éste es abierto y está
guarecido por el techo natural que representa el saliente rocoso y cuenta con una espectacular galería de arcos del siglo
XII con capiteles tallados representando escenas del Antiguo y Nuevo Testamento.
Cuenta la leyenda que un noble godo de nombre
Voto sufrió un percance y su caballo a punto estuvo de arrastrarlo a caer desde la peña bajo la cual se levanta el
Monasterio Viejo. Encomendándose a San Juan el caballero salvó la vida y al acercarse a la gruta en la que había estado
a punto de caer descubrió la tumba de un eremita también llamado Juan y allí decidió consagrar su vida a la oración.
Sin embargo, las primeras noticias fehacientes sobre su existencia datan del siglo X. En el siglo XI comienza su etapa de
esplendor que se verá incrementado en 1.076 cuando se convierte en depositario del Santo Grial, el
cáliz que Jesucristo utilizó en la última cena, el mismo en que se recogió su sangre en la cruz. Durante siglos el cáliz
permaneció en este monasterio hasta ser trasladado a Huesca e iniciar un periplo que culminaría en Valencia, donde hoy
se guarda.
La Sierra de San Juan de la Peña ha sido declarada Sitio Natural de Interés Nacional y en sus altos
el Club de Vuelo de Huesca organiza cursos y vuelos monitoreados en parapente y ala delta. Los montes de pinos,
encinas, enebros y robles, el repiqueteo del pájaro carpintero, el juego de las ardillas, los tranquilos recorridos donde
practicar el senderismo, las ermitas y construcciones rurales del entorno convierten la visita a este lugar en una opción muy
recomendable para pasar el día.
Abandonamos San Juan de la Peña para, después de un abrupto
descenso, visitar SANTA CRUZ DE LA SERÓS. Se trata de una pintoresca localidad con casas de
piedra y chimeneas troncocónicas cubiertas por lajas de pizarra o figuras llamadas
espantabrujas porque se colocaban para impedir a éstas colarse en las casas por la chimenea.
Destaca la impresionante mole de la iglesia y monasterio de Santa María, románica, que acogió desde el siglo XI
a damas de linaje nobiliario o real exclusivamente. Junto a ésta, la pequeña y coqueta iglesia de San Caprasio,
ejemplo de románico lombardo del siglo XI.
En Santa Cilia de Jaca se unen los dos ramales descritos. Destaca esta población por haber sido ya en el siglo
XIII planificada y construida en forma de cuadrícula, similar a los modernos ensanches de las ciudades, y seguramente
apuesta pionera en su tiempo.
A la salida de Santa Cilia, un mirador nos permite deleitarnos con las vistas de Somport, divisando el recorrido que hemos
realizado desde que iniciamos la marcha. El Camino persigue a la carretera hasta que dejamos atrás el Area de
Servicios de PUENTE LA REINA DE JACA. Unas esculturas o montoncitos de cantos rodados que han ido
colocando los peregrinos nos señala el desvío hacia Puente la Reina.
No lo tomamos sino que seguimos de frente tomando un camino que
nos lleva en ascensión por una ladera repleta de arbustos y plantas aromáticas hacia ARRÉS, pequeño pueblo
final de nuestro recorrido. Arrés es un pequeño conjunto que se alza sobre un risco rocoso presidido por un torreón
defensivo del siglo XV. Estamos ante un ejemplo de villa fronteriza entre reinos cristianos (Navarra y Aragón) que por
tanto se vio sometida durante siglos a presiones y saqueos de uno y otro lado.
Una cena fría a base de embutidos de la tierra nos servirá para reponer fuerzas antes de entregarnos al sueño
reparador.