Etapa Somport-Jaca del Camino de Santiago que www.infocamino.com pone a su disposición. Para acceder a esta información pulse aquí

Nuestro recorrido se inicia en el puerto de SOMPORT, el Summus Portus, el paso que utilizaban los romanos siguiendo la calzadaque unía Zaragoza con Burdeos.También llamado alto de Aspe por su aspereza, era punto de entrada a la península de la única de las 4 rutas jacobeas que recorrían Francia y no entraban por Roncesvalles, la que reunía en Arles a aquellos que atravesaban el sur de Francia viniendo desde Italia. A 1.632 metros, es el techo del Camino y muchos peregrinos lo preferían al temer las brumas de Ibañeta y el carácter arisco de los habitantes del Pirineo navarro.

Debemos tener cuidado pues la bajada es dura y abrupta y puede implicar dolores de rodilla, tobillo o espalda especialmente si seguimos la práctica habitual de iniciar el recorrido sin haber subido antes caminando hasta el alto. Seguimos las flechas amarillas que se superponen a las señales rojas y blancas de la ruta GR 65.3 que corre paralela.

Una senda de empedrados escalones nos lleva a la estación de esquí de Candanchú, nombre derivado de Camp d´Anjou en referencia a esta antigua familia francesa como señores del lugar. A mitad de camino, encontramos unas ruinas pertenecientes al antiguo Hospital de Santa Cristina que acogía en este punto a los peregrinos y fue descrito por Picaud como uno de los grandes pilares de la caridad cristiana junto a los de Jerusalem y Mont Joux, éste en Los Alpes. Cuenta la leyenda que dos caballeros, conmovidos por la cantidad de peregrinos muertos en la zona, fundaron un hospital. Una mañana encontraron una paloma que, posada en un arbusto de boj, sostenía una cruz de oro en el pico. Al levantar el vuelo, abandonó la cruz junto al arbusto y allí se levantó la capilla del hospital.

En Candanchú hoteles, apartamentos y pistas de esquí se agolpan en una ladera frente a la mole del Tobazo (un telesilla en verano nos puede llevar a esta cima, desde la que disfrutaremos de una impresionante panorámica). La estación cuenta con 24 remontes y 58 kms. esquiables y ahora está fusionada con la más novedosa y muy cercana estación de Astún, que cuenta con 14 remontes y 33 kms. esquiables, pudiéndose adquirir bonos conjuntos.

Siguiendo nuestra ruta dejamos también a un lado las ruinas del castillo de Castellar o de Candanchú, edificado para la cobranza del impuesto de "rota y porta" a toda mercadería o caballeriza que entrase desde territorio francés. El valle se estrecha, nos encontramos rodeados de empinadas laderas de pasto limpias de vegetación salvo algunos abetos sueltos y diseminados matorrales de boj. Escenario idóneo para la contemplación del quebrantahuesos, escasa ave carroñera a penas reducida a vivir en estos contornos y que reconoceremos por sus tonos anaranjados y oscuros y larga cola acuñada. Siguiendo el cauce del Aragón, llegamos a CANFRANC ESTACIÓN.

Llama la atención su grandioso edificio de la estación de trenes, de estilo ecléctico de principios del siglo XX. Fue estación internacional y hubiese podido representar un estimulante para el desarrollo económico de esta zona, pero el hundimiento de un puente en el lado francés y la negativa a arreglarlo obligaron al cierre del paso internacional. A la salida del pueblo encontramos la Torre de Fusileros o Espelunca, del siglo XV reformada en el XIX, que acoge una muestra multimedia sobre el Caminode Santiago. Dejamos el núcleo por un puente que nos introduce en un hayedo a través del cual llegaremos a CANFRANC PUEBLO, la antigua villa de Campus Francus, hoy dedicada al turismo rural y de montaña.

A la entrada de Canfranc pueblo se abre el barranco de Ip con sus instalaciones hidroeléctricas. Cabe la posibilidad de tomar un ascensor mecánico que asciende por la ladera del monte Larrón hasta llevarnos al Circo de Ip, una cubeta glaciar con un ibón o laguna en el centro de un impresionante cerco de montañas que rondan entre los 2.500 y los 3.000 metros. A la salida del pueblo, las ruinas de la Torre de Aznar Palacín y las de la iglesia de la Trinidad nos guían hasta el puente medieval.

Cruzado el puente, nuestro pasos siguen los de las legiones, peregrinos, comerciantes y viajeros que durante miles de años recorrieron la antigua calzada romana que nos lleva hasta VILLANÚA, coqueto pueblo de casas de piedra alrededor de su iglesia que custodia dos hermosas tallas góticas de la Virgen y Santiago. A la entrada del pueblo podemos visitar la cueva de la Güixas (brujas), donde al parecer se celebraron aquelarres, que se caracteriza por sus preciosas formaciones calizas. En los alrededores encontramos también las cuevas del Cándalo o Rebeco y las de Esjamundo con su lago subterráneo. Igualmente podemos admirar hasta tres dólmenes (Letranz, Güixas y Diezcampañas), sepulcros prehistóricos que datan de unos 2.500 años de antigüedad.

Seguimos nuestro recorrido para alcanzar el abandonado y despoblado pueblo de Aruej, que solo en los meses de verano recobra vida cuando llegan los pastores con sus rebaños buscando los pastos veraniegos del Pirineo. Su iglesia parroquial es románica y guarda unas interesantes inscripciones del siglo X. Llegamos así a CASTIELLO DE JACA. Fundado para proteger la entrada a Jaca desde las montañas, todavía quedan restos del castillo que le da nombre, y presenta una bella estampa de pueblo montañés con los restos de la calzada de peregrinos, puente medieval y un pintoresco molino-hospedería.

La ermita de San Cristóbal, y el Arbol de la Salud que al parecer contaba con propiedades curativas, nos dan la entrada a JACA. Antigua capital de la Iacetania prerromana, fue capital del incipiente reino de Aragón. Destaca por su Catedral, uno de los primeros ejemplos de románico en España y que marcó estilo a lo largo de la ruta jacobea con sus capiteles historiados, cornisas sobre ménsulas, crismón y sobre todo el adorno ajedrezado de las cornisas (llamado taqueado jaquense). La iglesia de San Salvador y San Ginés con su sepulcro de Doña Sancha, la de Santiago, románica con algunos elementos mozárabes, la pequeña ermita de San Pedro de Sarsa con su curioso altar que imita a un dolmen, el renacentista Ayuntamiento, la gótica Torre del Reloj y la Ciudadela, imponente construcción militar del siglo XVI con forma de diamante, completarán nuestro recorrido por esta interesante ciudad.

Para reponer fuerzas son típicos y recomendables los guisos y asados de ternasco (cordero lechal), las migas de pastor y los embutidos de cerdo. Los postres pueden ser a base de melocotón con vino y los condes, jaqueses y corazones (joyas de la repostería local).

Innumerables excursiones se pueden realizar tomando como base Jaca. Una amplia oferta relacionada con deportes de invierno, de montaña y de riesgo encontramos en los alrededores. Destacamos la visita a La Garcipollera, extenso pinar en el valle del Ijuez que destaca por la abundancia de ciervos. Entre la segunda quincena de septiembre y la primera de octubre podemos asistir a la berrea y observarlos tranquilamente.