Etapa Pedrouzo(Arca do Pino)-Santiago de Compostela del Camino de Santiago que www.infocamino.com pone a su disposición. Para acceder a esta información pulse aquí

Nos encontramos a las puertas del final de nuestra peregrinación. Ante la falta de atractivos de este tramo y nuestra impaciencia por culminar el recorrido, esta última jornada se convierte en una auténtica carrera para alcanzar nuestro objetivo. La falta de encanto de este último tramo se compensa con una jornada rica en emociones, rituales relacionados con la peregrinación que hemos de cumplir y lugares cargados de historia y tradiciones. En ninguna otra etapa nos identificamos tanto con los millones de personas que a lo largo de los siglos siguieron esta ruta y la culminaron como nosotros lo estamos haciendo. Después de días de cansancio, dolores, ampollas y desaliento, nada puede impedir que nuestros corazones se llenen de alegría al acercarnos a Santiago, por mucho que el entorno de su acceso no acompañe mucho.

Si madrugamos, podemos conseguir llegar a tiempo para escuchar la Misa del Peregrino a las 12 del mediodía en la Catedral de Santiago. Madruguemos, pues, y pongámonos en marcha para abandonar Pedrouzo por una pista de tierra que nos lleva hasta SAN ANTÓN. Desde allí, la última carballeira o robledal que nos acogerá en nuestra peregrinación nos conduce hasta una concentración parcelaria que nos da entrada a AMENAL. Desde aquí, un túnel vegetal cubre el trayecto hasta CIMADEVILLA y en este punto enlazamos con una pista forestal que, entre eucaliptos, enfila la subida al Alto da Barreira. Salvando las pistas del aeropuerto buscamos la aldea de SAN PAIO, último núcleo rural tradicional gallego, para ascender después una dura rampa y seguir el camino que nos acerca a LAVACOLLA.

Asegura la tradición que el nombre de este lugar proviene del hecho de que era en su arroyo donde los peregrinos se aseaban sus partes pudendas para quitarse la suciedad del Camino y presentarse ante el Apóstol limpios y aseados. Picaud llama al lugar Lavamentula (mentula en latín es miembro viril) en tono jocoso. La verdad es que no parece que dicha costumbre estuviese muy extendida entre los peregrinos cuando en la catedral tuvieron que recurrir a un invento como el botafumeiro para combatir el mal olor que despedían los peregrinos durante las celebraciones litúrgicas.

En cualquier caso, si queremos cumplir con la tradición no hay sino que descender un punto desde el pueblo para encontrar el arroyo y tomar un baño. Seguimos hacia VILLAMAIOR y SAN MARCOS. A la izquierda del pueblo queda el Monte do Gozo. El nombre obedece a que desde su cima ya se pueden apreciar las torres de la catedral. También se le llama Monxoy, al parecer derivado de los gritos de alegría en que prorrumpían los peregrinos franceses al alcanzar la cima; "Mon joie! Mon joie!" que viene a ser "Mi felicidad!". Es tradición que desde este punto hagan el último tramo a pie quienes hasta aquí llegaron a caballo.

Es tradición que todavía se conserva disputar una carrera entre los diferentes peregrinos que forman un grupo para ver quién alcanza primero la cima. Ese peregrino es nombrado "Rey de la peregrinación", y esto queda reflejado por sus compañeros en el reverso de la "Compostela". Es posible que esta costumbre, a lo largo de los siglos, haya dado origen a apellidos muy populares en España y resto de Europa como Rey, Roy, Leroi, etc.

Cada uno interioriza este momento a su manera. Hay quien prefiere la oración o la acción de gracias, otros brindan con vino en sus calabazas por el logro del objetivo, otros tal vez prefieran sencillamente disfrutar del momento dejándose contagiar por la alegría generalizada...

Bordeando el gigantesco complejo turístico construido en el Monte do Gozo para acoger a los peregrinos con hileras de barracones que le dan aspecto de campo de trabajo, buscamos el barrio de SAN LÁZARO, que nos da entrada a SANTIAGO DE COMPOSTELA, el anhelado premio a todos nuestros esfuerzos y desvelos.

Enfilamos la Rúa dos Concheiros (se les llama así por extensión a los peregrinos, aunque originalmente era la denominación de quienes les vendían las conchas de vieira) para entrar en el casco antiguo por la estrecha Rúa de San Pedro. Sale a nuestro encuentro el Cruceiro do Home Santo donde, según la leyenda, un herrero que lideró una revuelta popular, tras ser detenido y cuando se le conducía al cadalso, suplicó a la Virgen para que lo librara de semejante escarnio, cayendo al punto fulminado.

Por la enlosada Rúa das Casas Reais desembocamos en la Plaza de Cervantes. Desde ahí, por la Rúa Azabachería hasta la Plaza de la Inmaculada donde buscamos la puerta de la Catedral. Si es Año Santo, es decir si el día de Santiago cae en domingo, buscamos por la Vía Sacra la Puerta Santa o de los Perdones, que se abre el 31 de diciembre del año anterior al Año Santo y se cierra, tapiándola, a los 365 días.

Si entramos por la Puerta Santa, es costumbre mojar los dedos en el agua bendita y pasarlos por las cruces que adornan las jambas. Si entramos por la Azabachería, busquemos el Pórtico de la Gloria, cima del románico mundial y obra del insigne y misterioso maestro Mateo. Colocamos nuestros dedos en las oquedades abiertas en su parteluz a fuerza de realizar este mismo acto millones de peregrinos. Ya podemos decir que definitivamente alcanzamos nuestra meta. Junto al Pórtico, una imagen arrodillada se identifica tradicionalmente con el maestro Mateo y es costumbre golpear suavemente nuestra cabeza contra la suya para adquirir así su sabiduría. Antes o después de misa, descendemos a la cripta para honrar la urna de plata que custodia los restos del Apóstol. A continuación, una visita a la imagen del Apóstol para darle el tradicional abrazo (antiguamente los peregrinos le colocaban a la figura en ese momento su sombrero). Concluido el ritual, en la cercana Oficina del Peregrino recogemos nuestra Compostela que nos acredita como peregrinos.

Si hemos andado listos, podemos reponer fuerzas en el impresionante Hostal Reyes Católicos, ya que una vieja tradición que aún se conserva otorga desayuno, comida y cena gratis en este lugar a los 10 primeros peregrinos que cada día acreditan su llegada a la ciudad. En cualquier caso es muy recomendable "ir de tazas" a tomar ribeiros y picar tapas variadas por las calles Franco y Raiña. Si no, la ingente cantidad de restaurantes y mesones que abarrotan la ciudad ofrecen un variado menú en el que no han de faltar los productos típicos; lacón con grelos, pimientos de padrón, pulpo en sus diferentes presentaciones, marisco (en especial la jacobea vieira), pescados del cantábrico y carnes de la montaña. Todo ello regado con los exquisitos caldos ribeiros o albariños. Y como postre, la tarta de almendras y la de Santiago.

Santiago es Patrimonio de la Humanidad y un auténtico museo plagado de monumentos, cada uno con su leyenda o tradición propia. Amerita por lo menos un día entero dedicado a su recorrido. Recomendamos la consulta de nuestra página dedicada a la ciudad para planificar la visita a esta impresionante ciudad.