Etapa Melide-Pedrouzo(Arca do Pino) del Camino de Santiago que www.infocamino.com pone a su disposición. Para acceder a esta información pulse aquí
Nuestra penúltima etapa. Sentimos cerca el final de nuestra
peregrinación y la impaciencia por culminarla se apodera de nosotros. La etapa sigue el mismo esquema que la anterior;
toboganes y continuas subidas y bajadas para poder atravesar hacia el oeste los innumerables valles
formados por los riachuelos y arroyos que buscan hacia el sur su salida hacia el valle del Ulla. No quedan ante nosotros
impresionantes catedrales o monasterios ni grandes núcleos de población. Eso sí, otra cantidad verdaderamente ingente
de pequeñas aldeas dedicadas a la explotación ganadera se atravesarán en nuestro camino.
Las colinas, conforme avancemos en la etapa, van haciéndose cada vez más suaves y tendidas. El eucalipto es
el gran protagonista de los paisajes, junto a los prados en los que pacen tranquilamente las vacas frisonas con
cuya leche se producen los excelentes quesos de la zona.
Para aquellos de nosotros que hayamos decidido en la etapa anterior pernoctar en Palas de Rei, llegar hasta Pedrouzo va
a implicar un esfuerzo excesivo a estas alturas de recorrido. Sin embargo, contamos con una población intermedia en esta
jornada que puede servir perfectamente para acortar el recorrido y servirnos de lugar de descanso y aprovisionamiento ya
que cuenta con todos los servicios necesarios; nos referimos a Arzúa.
Pasando junto a la iglesia románica de Santa María de Melide abandonamos este pueblo por un espeso bosque en el que
alternan eucaliptos con especies locales diversas. Atravesamos RAÍDO y a penas a cinco kilómetros de Melide
se alza BOENTE, con algunas casas blasonadas como la de los Altamira, el crucero, la fuente de la Saleta y su
puente de fábrica medieval.
Atravesado el río Bonete, un merendero delata nuestra llegada a CASTAÑEDA. Es en este lugar donde el
Códex sitúa los hornos en los que se producía la cal necesaria durante la construcción de la catedral de
Santiago. Hasta aquí era costumbre de los peregrinos cargar con una piedra caliza desde las canteras de Triacastela para
contribuir a la construcción de casa del Apóstol.
RIBADISO DA BAIXO, nuestra siguiente estación, nos recibe
con un conjunto puente-hospital con puente medieval y hospital que ha recuperado su antigua función. Espacio
muy atrayente para el descanso y nueva opción de alojamiento que se nos presenta. Eso sí, para aprovisionarse hay que
llegar a la cercana Arzúa.
En ARZÚA sitúa el Códex el milagro del peregrino que pidió un pedazo de pan a una mujer que lo
estaba cociendo y, como la mujer se lo negara, el peregrino le advirtió que cuando lo sacase sería una piedra y así fue, el
pan se había convertido en un piedra de forma esférica. Esta es la única localidad "importante" que
encontraremos hasta Santiago. Cuenta con todos los servicios y basa su economía en la agricultura y la ganadería. No
tiene excesivo interés turístico, aunque podemos visitar la capilla de la Madalena, gótica del siglo XIV que formó
parte de un convento-hospital atendido por los agustinos. Frente a la iglesia parroquial, el monumento a "la
queixeira" delata la tradicional dedicación en la comarca a la producción de excelentes quesos, que
lógicamente recomendamos probar.
El Camino abandona Arzúa por la rúa do Carmen y pasa junto a la
"Fuente de los Franceses", baja junto al arroyo y rápidamente busca le ermita de San Lázaro. A
continuación salvamos el río Raído para entrar en PREGONTOÑO, donde atravesamos la carretera N-547.
Desde este punto, la ruta corre paralela a esta vía durante unos diez kilómetros hasta Salceda.
Antes, sin embargo, deberemos dejar atrás otras aldeas como PEROXA donde entramos en un acogedor bosque
de robles que nos lleva hasta TABERNAVELLA. Desde aquí, entre eucaliptos, avanzamos hasta
CALZADA y, tras remontar un corto repecho a la sombra de pinos y robles, a CALLE, ambos topónimos
con innegable ascendencia jacobea.
Conserva este pueblo un bonito conjunto de hórreos y ejemplos de arquitectura popular a base de aparejo menudo.
Abandonamos la aldea por un pasadoiro sobre las pozas del río que empalma con una calzada empedrada que nos lleva a
BOAVISTA, donde, como su propio nombre indica, podremos disfrutar de una interesante panorámica de los
valles que acabamos de atravesar.
Enlazamos con la carretera N-547 en el caserío de SALCEDA, que se extiende a ambos lados de la vía, y pronto
la abandonamos para tomar un camino en cuesta que pasa junto a una hornacina encajada en un muro que guarda un
par de botines de bronce; es el monumento en recuerdo a Guillermo Watt, peregrino aquí fallecido en 1.993 a las puertas
de alcanzar la meta. No faltan nunca las flores silvestres al pie del monumento, mudo homenaje de los peregrinos que a
diario lo recuerdan.
A partir de aquí, aproximadamente cada quinientos metros se suceden
las pequeñas aldeas y caseríos. O XEN, RAS, BREA (donde un monolito a la entrada nos recuerda la muerte del
peregrino Mariano Sánchez Covisa), A RABIÑA y O EMPALME se suceden en a penas un palmo de
terreno hasta que alcanzamos SANTA IRENE.
En esta localidad debemos tomar un descanso junto a la capilla dedicada a la santa que presta su nombre a la
aldea. Junto a la capilla, encontramos una fuente que se dice es santa y en donde es tradición jacobea lavarse
ya que está recomendada para el cuidado de la piel y las ampollas.
A RÚA, un pequeño poblado con casas aportaladas de piedra en proceso de restauración, es nuestro último hito
antes de alcanzar Pedrouzo, fin de nuestra etapa.
PEDROUZO es el emplazamiento actual de la cabecera del
municipio de Arca por lo que a veces puede confundirse el topónimo o denominarlo de ambas formas indistintamente
llevando a confusión. Pueblo sin mayores encantos, recomendamos al peregrino averiguar antes de llegar si hay sitio
disponible en el albergue para si no lo hay poder optar por alojarse en el de Santa Irene.
Unas tajadas de pan campesino, muy popular en la zona, acompañadas de cualquiera de los quesos que en estos lares se
producen harán nuestras delicias antes de entregarnos a un descanso reparador si lo permiten nuestros nervios
alborotados por la cercanía del fin de nuestro peregrinaje.