Etapa Portomarin-Melide del Camino de Santiago que www.infocamino.com pone a su disposición. Para acceder a esta información pulse aquí
Nuestro recorrido va a llevarnos hoy desde tierras lucenses hasta la
provincia de A Coruña, la última que hollarán nuestros agotados pies. Seguimos en tierras gallegas, y por tanto el trayecto
discurre a través de un auténtico dédalo de pistas, sendas, corredoiras y calzadas verdaderamente plagadas de
aldeas de dos o tres casas, algunas de ellas despobladas. Seguiremos descubriendo en cada recodo del
camino nuevos ejemplos de arquitectura popular, aunque en el transcurso de la jornada los tejados de pizarra irán dejando
paso a la teja árabe tradicional. Los tradicionales hórreos descritos en la jornada anterior también serán protagonistas de la
presente junto con los almiares de heno, hierba cortada en verano y apretujada en torno a un palo de
forma que la capa exterior endurecida hace un efecto impermeable que mantiene seca la paja del interior, y los
cabazos o cabeceiros, el "hórreo de los pobres" que consiste en una canasta
gigante tejida con ramas de sauce o retama sobre pedestal de piedra cubierto por un cono de paja o plástico que sirven
para conservar maíz o castañas.
Los carballos, castaños y abedules irán siendo desplazados en el primer tramo de la etapa por los prados, la vegetación
arbustiva y el pino, y al final de la etapa irá apareciendo un nuevo protagonista, el eucalipto, especie foránea que ha
colonizado extensas áreas cercanas al mar gracias a su extraordinaria capacidad de producción y a sus diferentes
aprovechamientos a costa de los bosques autóctonos y del empobrecimiento de los suelos y la biodiversidad.
Si la etapa se nos hace demasiado larga o dura y nuestras fuerzas flaquean, contamos con la interesante opción de
pernoctar y descansar en Palas de Rei, ciudad que cuenta con albergue y todo tipo de servicios para el peregrino y queda
a unos 25 kilómetros de recorrido de Portomarín.
Arrancamos nuestro recorrido por la pista que corre paralela a la
carretera C-535. Es un ascenso tendido que, sin convertirse en puerto, acaba por hacerse cansino. Abandonamos el
valle del Miño para buscar los pasos de la Sierra de Ligonde. Pasamos así TOXIBO y
entramos a GONZAR a través de su robledal y, de ahí, por una pista asfaltada seguimos hasta
CASTROMAIOR, ubicado a la vera de una antiguo castro celta que le da nombre y es uno de los varios ejemplos
que encontraremos a lo largo de la jornada. Desde aquí la cuesta se empina, el ascenso se endurece y debemos
atravesar un par de veces la carretera hasta alcanzar HOSPITAL DA CRUZ y la cercana VENTAS DE
NARÓN. Poco queda del centro de servicios y atención al peregrino que fue en épocas pasadas esta localidad
donde los viajeros reponían fuerzas antes de coronar la Sierra de Ligonde y que hizo a Picaud protestar
enérgicamente contra las meretrices que en estos pagos ofrecían sus servicios al peregrino.
Desde el Alto de Ligonde podemos disfrutar de unas
excelentes vistas de la Sierra y de los valles del Miño y el Ulla que se extienden a nuestros pies. Nos adentramos desde
este punto en la comarca de Ulloa, donde Emilia Pardo Bazán situó su famosa novela "Los pazos de
Ulloa". El descenso nos lleva hacia el cruceiro de LAMEIROS, uno de los más antiguos e interesantes
de la ruta. Los lados de la base muestran relieves relativos a la Pasión (calavera, espinas, clavos, martillo) y en la cruz
vemos al Crucificado con la Angustia.
Llegamos así a LIGONDE donde podemos encontrar señalados por una cruz los restos de un antiguo cementerio
de peregrinos donde descansan aquellos que quedaron a las puertas de ver cumplido su deseo de alcanzar Compostela.
Pegado al anterior encontramos un nuevo núcleo, EIREXE, iglesia en gallego, que toma su nombre de la iglesia
que todavía hoy conserva algún elemento de su románico original.
Superamos una insignificante elevación repoblada con pinos antes de afrontar el descenso a PORTOS. A la
salida de Portos un desvío de tres kilómetros nos lleva al Monasterio de Vilar de Donas, con su iglesia románica del
Salvador que destaca por su portada, el retablo pétreo, las pinturas murales (siglo XIV), las mejores góticas de Galicia, y el
baldaquino (siglo XV).
De vuelta en Portos, otra suave subida hasta LESTEDO y
nueva bajada que nos deja en OS VALOS. Un nuevo esfuerzo para coronar el Alto del Rosario.
Desde aquí se divisa el lejano Pico Sacro que cobija Compostela. Era tradición que los peregrinos se
detuviesen en este punto para rezar un rosario y dar gracias a Dios por la cercanía del fin de su viaje. Nuevo descenso
hacia PALAS DE REI. El pueblo grande y moderno no ha conservado mucho de su pasado jacobeo.
Recordemos que este era fin de la penúltima etapa del Codex y en su Campo dos
Romeiros se juntaban grandes grupos de peregrinos para realizar los últimos tramos en mutua compañía.
Recordamos que Palas de Rei puede ser un punto interesante para descansar y pernoctar si nos encontramos agotados.
Y más teniendo en cuenta que la hilera de toboganes que hemos recorrido en los últimos kilómetros se extiende en los
próximos, ya que continuamente atravesaremos un valle tras otro sin prácticamente un metro de terreno llano. Esto puede
hacer el trayecto tan duro como un puerto.
Estos toboganes, entre corredoiras y túneles vegetales atraviesan SAN XIAO DO CAMIÑO y
PONTECAMPAÑA hasta CASANOVA, última aldea de Lugo. Desde Pontecampaña podemos tomar un
desvío que, a través de Sambreixo, nos lleva al Castillo de Pambre, del siglo XIV, que está formado
por una gran muralla almenada con torreones en cada esquina, que protege en su interior una alta y maciza torre del
homenaje. Fue una de las escasas fortalezas gallegas que sobrevivió a la Guerra de los Irmandiños y se puede
considerar la mejor que hoy se sostiene en pie en Galicia. Es propiedad privada y no se permite la entrada.
A Coruña nos recibe con un magnífico paseo por los restos de una antigua calzada romana que nos lleva a
LEBOREIRO, donde podemos contemplar la iglesia de Santa María (siglo XIII). Seguimos
nuestro camino y un parque recreativo con área de descanso nos da la
bienvenida a FURELOS y, tras pasar por su puente medieval, seguimos a MELIDE. En este punto se
unía al Camino Francés el Camino de Oviedo y durante siglos esta ciudad fue una villa de posaderos que prestaban su
servicio en esta encrucijada central de Galicia. Podemos admirar su capilla de San Roque y a su lado
el crucero más antiguo de Galicia, fechado en el siglo XIV, la iglesia de San Pedro y el
Museo da Terra de Melide, con fondos arqueológicos y etnográficos. En las cercanías, destaca el
castro de A Graña.
Para reponer fuerzas, nada como el pulpo a la gallega, si es que hemos sido capaces de
llegar hasta este punto sin probarlo, y por supuesto los quesos de la zona.