Etapa Sarria-Portomarin del Camino de Santiago que www.infocamino.com pone a su disposición. Para acceder a esta información pulse aquí

Nos disponemos a afrontar una etapa que transcurre a través de un auténtico reguero de pequeños núcleos rurales, ínfimos en tamaño la mayor parte de ellos, pegados unos a otros, recostados en laderas salpicadas de pequeños prados cercados por muretes de piedra en los que pasta el ganado vacuno y ovino y regados por frescos riachuelos. La más amplia gama de matices del verde nos acompañará a lo largo del recorrido y hará las delicias de nuestros ojos y el canto de mirlos, pájaros carpinteros, martines pescadores a la sombra de los restos de bosque autóctono de la zona, formado por castaños y carballos o robles, será música para nuestros oídos.

Encontraremos a lo largo del recorrido multitud de ejemplos de hórreos, pequeñas construcciones tradicionales de Galicia. Estructuras rectangulares, más o menos alargadas construidas a base de tablas de madera con pequeñas rendijas entre ellas para facilitar la ventilación interna, elevadas del suelo por medio de dos muros transversales o cuatro pilares de piedra, y cubierto con tejado de lajas de pizarra a dos aguas presidido por la cruz. Su finalidad es el almacenamiento de mazorcas de maíz durante su secado, por eso se colocan lajas de piedra sobresalientes entre los pilares de apoyo y la plataforma para evitar la entrada de roedores.

La ruta discurre a través de un auténtico laberinto de caminos vecinales, carreteras locales asfaltadas, sendas, pistas y corredoiras resaltando la presencia de algunos tramos empedrados que sirven de desagüe para los riachuelos pero cuentan con pasadoiros o pasales de invierno, especie de aceras de piedra que permiten el paso sin mojarse.

Sin embargo, no cabe duda de que el protagonismo estelar de la jornada, por supuesto para aquellos que realizamos el Camino a pie, se lo lleva un pequeño hito que puede pasar desapercibido si no prestamos atención; no es otro que aquel que señala el ansiado kilómetro 100 a Santiago de Compostela. A partir de este punto, la distancia que nos separa de nuestra meta se mide en dos cifras y esto sin duda nos anima a devorar kilómetros al sentir mucho más cercano el final de nuestro viaje.

Abandonando Sarria por el Ponte Aspero, la ruta se interna entre manzanos y verdes prados para cruzar la vía del ferrocarril y, a través de un bosque de robles, vadear un arroyo a través de un sencillo puente de madera. Una breve subida nos lleva a Castro de Paredes, antiguo enclave prerromano donde podemos encontrar restos de construcciones celtas semi-ocultas por un bosquecillo, en un marco que nos traslada a las historias de antiguos celtas, bosques, druidas y oscuros ritos.

Un anciano roble nos señala el inicio de la subida hacia la aldea de Viley, y desde allí una ligera cuesta por una pista asfaltada nos lleva hasta BARBADELO llamado también O Mosteiro en recuerdo al antiguo monasterio aquí fundado del que solo se conserva la iglesia de fábrica románica..

Seguimos ascendiendo y unas excelentes vistas sobre el ya lejano pico del Oribio son el preludio de nuestra llegada a RENTE una vez abandonada la pista asfaltada para tomar un camino de tierra. Desde su robledal, una pista de asfalto nos lleva a otro, el de MERCADO DA SERRA. A la salida, buscamos la Fuente del Peregrino para cruzar poco después la carretera C 535. A través de una pista asfaltada atravesamos si solución de continuidad LEIMÁN, A PENA, y PERUSCALLO. Un monumental roble nos despide de esta aldea y tomamos una senda con pasadoiros que nos lleva a CORTIÑAS y, en seguida, un centenario castaño nos señala la llegada a LAVANDEIRA.

Superada esta aldea el Camino se dirige a A BREA y en seguida al marco del kilómetro 100 a Santiago, que precede al núcleo de MORGADE. A la salida de Morgade encontramos una diminuta capilla dedicada a Santa Mariña donde los peregrinos han adquirido la costumbre de dejar escritos mensajes. Junto a ella, una moderna fuente con la cara de un diablo.

Nuestra escala siguiente es FERREIROS, nombre que deriva de la ocupación que antiguamente tuvieron sus habitantes. Estos se dedicaron básicamente a trabajar el hierro para los monjes benedictinos de Samos, especialmente a la fabricación de clavos que fueron también muy utilizados para reparar el calzado de los peregrinos tanto en el Monasterio como en esta misma aldea.

Sigamos nuestra ruta hasta MOIMENTOS, donde podemos disfrutar de unas excelentes vistas sobre el Valle del Loio. También avistamos y podemos visitar la iglesia de Santiago de Laxe. Un crucero de cemento nos señala la ruta que hemos de seguir para alcanzar A PARROCHA y VILLACHÁ, donde ya disfrutamos de las vistas que se nos ofrecen del cercano Portomarín.

Entre Vilachá y Portomarín, un poco apartado a la izquierda del Camino, encontramos el Monasterio de Loio y los restos de una ermita levantada sobre el lugar donde se reunieron doce caballeros en el año de 1.170 decidiendo dedicar sus vidas a la protección de los peregrinos a Santiago. Este fue el germen de la Orden de Santiago, de capital importancia para el desarrollo posterior de la ruta jacobea.

Llegamos por fin a PORTOMARÍN, pueblo reconstruido al ser anegado el anterior por las aguas del Embalse de Belesar en 1.966. De nada le sirvió el haber sido declarado Conjunto Histórico-Artístico, ya que solo se decidió salvar y trasladar piedra a piedra hasta su nuevo emplazamiento la iglesia-fortaleza de San Nicolás, la fachada de la ermita de San Pedro, la Casa del Conde y el palacio de Berbeto. Bajo las aguas quedó igualmente el puente medieval que da nombre al pueblo y que fue mandado derribar por Doña Urraca durante sus confrontaciones con Alfonso el Batallador y mandado a reconstruir cuando esta situación se superó.
Es tradición en este municipio que el Domingo de Pascua la Plaza Mayor se vea invadida de alambiqueros y alquitareros que hacen demostraciones públicas del destilado del famoso aguardiente de orujo. Se celebra así el Día del Aguardiente, en el que se aprovecha para investir a los Caballeros de la Serenísima Orden de la Alquitara.

No debemos abandonar, por tanto, este municipio sin apreciar sus afamados aguardientes o queimadas y sus más famosas Tartas de Santiago, sin duda las mejores que podemos probar en el Camino.