Etapa Villafranca del Bierzo -O Cebreiro del Camino de Santiago que www.infocamino.com pone a su disposición. Para acceder a esta información pulse aquí

La jornada parte de tierras que se pueden considerar gallegas a todos los efectos salvo el administrativo para llevarnos a O Cebreiro, puerta de Galicia, donde empezamos a percibir la cercanía de la tumba del Apóstol, la meta de nuestro recorrido.

Etapa dura, ya que ascendemos el puerto de Piedrafita. Aunque no debe asustarnos por su longitud ni desnivel, la subida puede hacerse difícil al estar situada al final de la jornada, especialmente si la climatología es adversa y se presenta la lluvia o la habitual niebla. La etapa también es peligrosa, ya que en su primera mitad la ruta coincide con la antigua y la nueva N-VI y se cruza en varios puntos con la autovía A-6. Para hacerla menos dura, algunos peregrinos optan por pernoctar en albergues o alojamientos situados al pie o en plena subida del puerto. Para hacerla menos peligrosa hay quien opta, por su parte, por seguir una ruta alternativa en el tramo Villafranca-Trabadelo que está señalizada y pasa por Pradela. Sin embargo, otros se desaniman porque esta variante implica endurecer una ya de por sí dura etapa al presentar una fuerte subida en su inicio. La tranquilidad, las hermosas vistas del valle y la sombra que ofrecen los castaños pueden representar una compensación suficiente para aquellos peregrinos que apuestan por esta opción.

Abandonamos Villafranca cruzando el río Burbia e iniciamos nuestro recorrido a través del estrecho y encajonado valle del río Valcarce, derivado de "Valle de la cárcel o encarcelado". La A-6 se superpone a la N-VI que en su momento se superpuso a la ruta jacobea y ésta a su vez a las milenarias cañadas. Esto nos puede dar una idea de lo abrupto del terreno que nos rodea y de la escasez de alternativas cómodas a este recorrido. Este difícil tránsito fue aprovechado por malhechores que hacían botín a costa de comerciantes y peregrinos, así como por los propios Señores encargados de velar por la seguridad de los viajeros que, con prácticas genuinamente mafiosas, extorsionaban a éstos cobrando derechos de paso y protección. Esta práctica fue prohibida por Alfonso VI y definitivamente extinguida por la Orden del Temple cuando ocupó las principales fortalezas de la zona durante los siglos de oro de las peregrinaciones.

Si optamos por la alternativa a la ruta tradicional, inmediatamente después de Villafranca buscamos el desvío señalizado que conduce a través de una fuerte pendiente al cerro Rapiña para después guiar nuestros pasos hasta Pradela y descender otra vez al valle de Valcarce a la altura de Trabadelo, donde se une a la ruta tradicional.

Si optamos por la tradicional seguiremos el valle hasta alcanzar la primera población, PEREJE, pequeño pero cargado de anécdotas y tradiciones. Entre sus dueños históricos destaca Doña Urraca, que aquí pasó largas temporadas, y de hecho se conserva un caserón donde se dice habitó esta reina. Por otra parte, los habitantes estuvieron exentos del pago de tributos y prestación del servicio militar por merced de esta reina en pago, según se cuenta, a la atención que de ellos recibió al dar a luz en un hórreo de la zona. Este pueblo fue también, durante el siglo XII, testigo de un fuerte litigio de jurisdicción entre el hospital de Cebreiro y los cluniacenses de Villafranca por la construcción de un hospital, litigio en el que intervinieron papas, reyes, obispos y abades.

Si bien el tráfico y los taludes de la carretera nos hacen sentirnos un poco fuera de lugar, esta sensación se compensa con el encanto de los pueblecitos que hemos de atravesar, casi todos con casonas antiguas y playas o piscinas fluviales que hacen las delicias del acalorado peregrino en los meses veraniegos.

Atravesaremos así TRABADELO (donde se ubicó el castillo de Auctares desde el que se extorsionaba al peregrino), PORTELA ("paso estrecho"en este ya de por sí estrecho valle con su monumento al peregrino) y AMBASMESTAS (así llamado en alusión a la confluencia de los ríos Balboa y Valcarce) hasta llegar a VEGA DE VALCARCE.

En el centro del pueblo, un típico hórreo techado de colmo se alza precedido de una curiosa talla en madera. Los restos de dos castillos, uno a cada flanco del pueblo, presiden la panorámica. A la derecha de nuestra marcha el de Castro de Veiga muestra sus exiguas ruinas. A la izquierda, el de Sarracín nos ofrece la posibilidad de visitarlo tras realizar una agradable subida de 15 o 20 minutos entre castaños.

Recuperada la ruta, un par de kilómetros más adelante nos espera RUITELÁN con la capilla de San Froilán a lo alto a la derecha. Supuestamente erigida sobre la cueva en la que oraba este santo patrón de Lugo y León mientras los conejos roían sus libros de meditación y un lobo daba cuenta de su asno. El santo, perdida la paciencia, ordenó a los conejos desaparecer para siempre del pueblo y el lobo fue condenado a cargar con sus alforjas.

Próximo a Ruitelán, el caserío de HERRERÍAS nos recuerda su pasado vinculado al trabajo del mineral de hierro y donde existió un hospital para ingleses financiado por la dinastía Plantagenet, a la que perteneció Ricardo Corazón de León. La tan ansiada tranquilidad, añorada durante toda la jornada, la alcanzamos en estos parajes. Prados poblados de rumiante ganado indolentemente vigilado por paisanos que charlan apoyados en sus cayados son el preludio de la ascensión a Piedrafita, que comienza en este punto.

La subida se hace agradable, a media ladera de un valle profundo y umbroso a la sombra de magníficos robledales. Pronto tomaremos un sendero que, entre frondosos castaños, nos lleva a LA FABA. Conforme vamos ascendiendo, los bosques ceden su protagonismo a verdes prados entre los que distinguimos LAGUNA DE CASTILLA, último enclave en terreno leonés. Un sendero entre brezales nos lleva de allí a O CEBREIRO.

Sus hermosas vistas, sus construcciones típicas y el cuidado exquisito en todos sus detalles nos hacen creer que escapamos de la realidad. Visita obligada es la iglesia de Santa María la Real, importante ejemplar prerrománico y escenario de uno de los milagros más famosos del Camino. Un piadoso vecino de una aldea vecina acudió un día de tormenta para escuchar misa. Esta era celebrada por un cura de poca fe que pensó extrañado que no merecía la pena hacer semejante esfuerzo para ver un pedazo de pan y un poco de vino. En el momento de la consagración el pan se convirtió en carne y el vino en sangre, mientras la talla de la Virgen se inclinaba para admirar mejor el portento. La carne y la sangre se conservan hoy en un relicario donado por los Reyes Católicos durante su peregrinación y la Virgen permanece inclinada.

Otro atractivo del pueblo son las pallozas, pequeñas construcciones de planta ovalada de piedra con techo de paja. Vivienda característica de los celtas, era compartida por humanos y animales domésticos, por lo que en algunos casos presenta una divisoria interna. Dos de ellas se ha acondicionado como albergue y una tercera acoge un pequeño museo etnográfico.