Etapa Ponferrada-Villafranca del Bierzo del Camino de Santiago que www.infocamino.com pone a su disposición. Para acceder a esta información pulse aquí
Nos disponemos a recorrer el Bajo Bierzo, regado por el Sil, el
Cúa y el Burbia. En esta especie de anfiteatro natural rodeado de macizos montañosos se genera un
microclima ideal para la agricultura, con viñedos, trigales y frutales como principales líneas de producción. Sus paisajes
varían de los floreados cerezos de primavera a los tonos rojizos de las parras en otoño. Mención especial
merecen sus vinos, denominación de origen desde 1.989, especialmente su variedad Mencía. Semejantes a
algunos gallegos como el Ribeira Sacra, son aterciopelados y de vivos tonos, aunque parafraseando al alemán Künig
"debe ser bebido con discreto miramiento pues a muchos saca de sentido".
Abandonamos Ponferrada intentando evitar zonas industriales desviándonos de la N-VI hacia el noroeste en busca de
COLUMBRIANOS, antiguo asentamiento astur repoblado con mozárabes de Coimbra en la Edad Media. Sobre el
pueblo, dos tesos troncocónicos indican la antigua ubicación de los castros astures. El Camino pasa junto a la ermita
de San Blas y San Roque, con un peregrino pintado en el testero, y cruzando carreteras y vías de ferrocarril
abandona este núcleo poblacional para entrar directamente en el siguiente. La ermita del Campo o del Divino
Cristo, rodeada de viñedos, frutales y huertas nos indica que estamos a punto de entrar en FUENTES
NUEVAS.
Un crucero marca el inicio de la Calle Real, donde podemos apreciar
algunos ejemplos de arquitectura tradicional de la zona mezclados con construcciones más modernas.
Acompañando el conjunto, la iglesia de Santa María. Abandonamos el pueblo dejando a un lado el cementerio y, a través
de un campo cultivado, la ruta nos lleva inmediatamente a la siguiente localidad, CAMPONARAYA.
El municipio se sitúa al fondo de una hondonada rodeado de un colorido mosaico de huertos y todo el conjunto rodeado a
su vez por laderas pobladas de robles. Sin mayores encantos, cuenta con alguna casona blasonada en su calle principal
como la de los Suero de Quiñones, donde se alojaba Alfonso XIII cuando acudía a cazar a la comarca.
Las poblaciones que hemos atravesado desde que abandonamos Ponferrada se ha ido sucediendo sin solución de
continuidad impidiéndonos por tanto desconectar del cemento, el asfalto y las obras de infraestructura. Sin embargo, a
partir de nuestra salida de Camponaraya entraremos otra vez en contacto con la naturaleza, los espacios abiertos, los
viñedos y los cerros arbolados. Por fin podemos dejarnos embargar por la placidez y ensoñación del paisaje berciano
Llanos y suaves cuestas se alternan hasta llevarnos a la Fuente de la Salud, a la sombra de los almendros.
Siguiendo una amplia calzada de concentración encontramos la cuesta de San Bartolo que, flanqueada por viñedos, nos
da entrada al barrio de Cimadevilla, en CACABELOS. A la entrada del pueblo existen dos señales en la fachada
de una casa donde es tradición caminera colocar la nariz y un pie dando lugar a acrobáticas
posturas.
Importante localidad en la historia del Camino, Cacabelos es nombrado
por todas las guías medievales. Su auge se lo debe al obispo Gelmírez, que en 1.108 fomentó su
repoblación y ordenó edificar su iglesia parroquial de Sta. María de la Plaza, restaurada en el siglo XVI y que
conserva su ábside original. Visitable sin duda es su Museo Municipal, situado en el Ayuntamiento, que muestra
una interesante colección de objetos recuperados del cercano Castro de Ventosa, antiguo enclave astur amurallado. Si
coincidimos en el pueblo la noche de San Juan, asistiremos a la curiosa costumbre de los mozos del pueblo de robar las
macetas de los balcones obligando a sus propietarios a acudir al día siguiente a la Plaza del Vendimiador para
recuperarlos.
A la salida del casco urbano hallamos el santuario de Las Angustias donde podemos apreciar uno de los
relieves más curiosos de la ruta jacobea. San Antonio de Padua y el Niño Jesús juegan a las cartas, el primero
mostrando un cuatro de copas y el segundo un cinco de oros, extraña simbología que quizá algún peregrino pueda
explicar.
Si nos encontramos con fuerzas, un desvío hacia el sur nos lleva al Monasterio de Santa María
de Carracedo, a tres kilómetros del pueblo. Quinta de recreo de
Bermudo II en el siglo X, fue luego monasterio de Benedictinos y posteriormente de Bernardos. Destacan su sala
capitular, su Palacio Real con la Cocina y el Mirador de la Reina y el Museo que refiere su historia. El enclave es
idílico, rodeado de frutales y viñedos.
Volviendo sobre nuestros pasos recuperamos el Camino para encontrar dos kilómetros más allá de Cacabelos el corto
desvío hacia el Castro de Ventosa, la colina sobre la que se asentó la Bergida celta y la
Bergidum Flavium romana dando nombre a toda la comarca de El Bierzo. Consta de una plataforma o recinto
amurallado de 2.500 metros que conserva algunos tramos o fragmentos.
Volvemos otra vez a la ruta para afrontar un tramo peligroso por la
carretera, sin a penas arcén, hasta superar el cruce de Valtuille y salvar el arroyo de Los Valtuilles. Desde allí, la ruta se
separa de la carretera para conducirnos entre suaves ondulaciones plagadas de viñedos hasta VILLAFRANCA DEL
BIERZO.
Como su propio nombre indica, fue poblada por francos a lo largo del siglo XI en torno a la ruta jacobea. El siglo XII vio la
llegada de los monjes de Cluny, de capital importancia para el desarrollo posterior de la región ya que fueron quienes
introdujeron el cultivo de la vid. A la entrada de la población, nos recibe la iglesia de Santiago, románica, con su
magnífica Puerta del Perdón. Una bula de Calixto III concedía a los peregrinos que alcanzasen esta puerta
enfermos o impedidos para continuar a Compostela los mismos beneficios e indulgencias que hubiesen obtenido allí.
Conjunto Histórico-Artístico, cuna de Martín Sarmiento y Gil y Carrasco, residencia habitual de
Torquemada, este municipio cuenta con un castillo del siglo XV de corte no excesivamente marcial, el de los Marqueses
de Villafranca, y uno de los tramos urbanos más bonitos del Camino; la Calle del Agua. En
esta calle encontramos palacios como el de Torquemada o el de los Marqueses, la casa morisca y en sus cercanías la
soportalada Plaza Mayor, la iglesia de San Francisco y la Colegiata de
Santa María. A la salida del pueblo, en el Puente Nuevo, una antiquísima fonda presta sus servicios regentada por la
misma familia desde el siglo XV.
Para reponer fuerzas, platos típicos bercianos como la Cachelada berciana (a base de patatas,
chorizo y berzas) o la empanada berciana (de botillo, patatas, pimientos de la tierra y tomate), o los pimientos bercianos. De
postre, cerezas al aguardiente. Todo regado con vinos bercianos y, para digerir, una copa del famoso orujo de sarmiento
de vid.