Etapa Astorga-Rabanal del Camino del Camino de Santiago que www.infocamino.com pone a su disposición. Para acceder a esta información pulse aquí

Nos disponemos a atravesar la comarca de La Maragatería. Tierras de transición, no son páramo ni montaña sino un conjunto de lomas pardas y suelos más bien pobres y arcillosos. Comarca habitada por gentes de misterioso origen que durante siglos practicó la endogamia y conservan costumbres y tradiciones ancestrales. Se desconoce igualmente el origen de su denominación pero las explicaciones más plausibles pueden ser que derive de "mauri captus", moros cautivos para la explotación minera, o de "mericator", mercader, haciendo referencia a la ocupación a la que se ha dedicado la población desde tiempo inmemorial; arrieros que mercadeaban con diferentes productos entre la costa cantábrica y el interior de Castilla. Esta ocupación, que pasaba de padres a hijos, ha determinado la estructura de sus pueblos, con calles principales anchas para permitir el paso de los carros y empedradas para evitar que se formasen surcos, y de sus viviendas, grandes construcciones en piedra y arcilla con casa de grandes puertas que permita el paso de carros, cuadras, pajar y gran patio en el centro.

Además de sus vistosos atuendos típicos, los maragatos han conservado un sinfín de tradiciones y prácticas tan extrañas como dejar rastros de paja de una vivienda a otra cuando entre sus habitantes había un noviazgo oculto, la Cobada (descanso del padre durante unos días después del parto) el riego de la placenta durante varios días después de enterrarla y otras que parecen hacer alusión a ritos de fecundidad precristianos.

Abandonada Astorga, antes de cumplir los dos kilómetros de recorrido encontramos a nuestra derecha VALDEVIEJAS, llamado antiguamente Villa Sancti Verísimi. Todavía conserva la advocación a San Verísimo en su iglesia parroquial.

Dejando a la izquierda la capilla del Ecce Homo abandonamos el pueblo por debajo de la autovía para buscar el cercano municipio de MURIAS DE RECHIVALDO, nombre de evocaciones visigóticas.

Los campos de los alrededores de estos municipios muestran el abandono de los tradicionales cultivos cerealísticos y se nos presentan en algunos casos cubiertos de arbusto y matorral bajo, y otros dedicados a la explotación maderera de pinos y robles.

La ruta jacobea propiamente dicha nos lleva a Santa Catalina de Somoza siguiendo una línea recta. Sin embargo, es muy recomendable realizar una variante que nos acerca a Castrillo de los Polvazares, quintaesencia de la maragatería. No incrementa significativamente el recorrido y nos permitirá deleitarnos con este pequeño poblado declarado Conjunto Histórico-Artístico elegido por la escritora Concha Espina para ambientar su mejor novela, "La esfinge maragata".Casonas tradicionales en tonos rojizos que contrastan con los marcos y dinteles pintados de blanco y las ventanas y puertas de verde. Una cruz en cada extremo de la calle principal protege la vía.

Ascendemos entre baldíos invadidos por el matorral y la zarza hasta SANTA CATALINA DE SOMOZA. Dejando atrás este municipio, afrontamos un tramo que nos lleva entre algunos campos de cultivo hacia El Ganso. En el trayecto nos deleitamos con las excelentes vistas del puerto de Foncebadón y del Teleno.

En EL GANSO encontramos los primeros ejemplos de cabañas teitadas, otro encanto de la arquitectura popular, de origen probablemente céltico y típicas de varias comarcas leonesas y gallegas. El teito es una cubierta de paja de centeno mezclada con otras fibras vegetales utilizada desde muy antiguo para techumbre de viviendas. Vestigio de su historia ligada a las peregrinaciones, El Ganso también conserva su iglesia parroquial en cuya Capilla de los Peregrinos cuenta la leyenda que celebraba misa el mismísimo Apóstol.

A la salida de El Ganso arranca una pista forestal que rodea la explotación aurífera romana de La Fucarona. Si decidimos visitarla, encontraremos apenas los restos de los canales que conducían el agua para "lavar"el oro de los terraplenes arcillosos, hoy invadidos por la maleza. Nada nos hace imaginar la frenética actividad que allí se desarrollaba hace dos mil años.

Seguimos avanzando y la ruta se adentra en bosquecillos de pinos y robles que bordean el arroyo de Las Regueiras. Entre los robles que nos rodean rápidamente podemos identificar por su porte y tamaño el centenario Roble de los Peregrinos que a tantos y tantos concheros ha acogido bajo sus frondosas ramas y que también a nosotros nos ofrece su fresca sombra para cumplir con la tradición de tomar un descanso a su vera.

Nos encontramos ya en las proximidades de RABANAL DEL CAMINO, fin de nuestro recorrido de hoy. El pueblo está formado por un conjunto amable de construcciones tradicionales de la comarca en tonos ocres y rojizos.

Aquí sitúa una crónica gala del siglo XIII un muy improbable desposorio del caballero bretón Anseis, nombrado por Carlomagno rey de España y Cartago, con la princesa mora Gaudise. Entusiasmados por el ambiente nupcial, Carlomagno y Anseis suben al Mont de Ravanel y contemplan extasiados Astorga, Mansilla y Sahagún.

Con un fundamento mucho más histórico, el pueblo conserva la Casa de las Cuatro Esquinas, donde pernoctó Felipe II durante su peregrinación a Santiago siendo todavía príncipe heredero.

Encontrándonos en La maragatería, para reponer fuerzas es inevitable el cocido maragato, que se come en orden inverso al habitual. Primero las carnes (morcilla, cecina de vaca, lacón, tocino y oreja de cerdo, chorizo y gallina) luego la legumbre (garbanzo fino y repollo, a veces con patata cocida) y por último la sopa de fideos hecha con el caldo del potaje. De postre, las tradicionales natillas caseras con barquillo o mantecada.

Varias teorías y leyendas intentan dar una explicación al extraño orden en que se consumen los alimentos. Los más pragmáticos, sin embargo, apuntan que de este modo nada se enfría y que si sobra algo (cosa harto probable) que sea "de lo pobre".

Hasta la década de los 70, el pueblo celebró la "Repartición del burro". Los mozos del pueblo mataban un burro y recorrían el pueblo repartiendo entre sus habitantes partes del mismo haciendo alusión a defectos físicos o comportamientos de los vecinos. Así, a la comadre más chismosa del pueblo le daban la lengua, a la mujer de vida más disipada el rabo, etc. Luego sembraban serrín en los campos y sobres esos surcos danzaban espasmódicamente. Otra vez parece que el origen puede estar en ritos de fertilidad precristianos.