Etapa Castrojeriz-Fromista del Camino de Santiago que www.infocamino.com pone a su disposición. Para acceder a esta información pulse aquí

Nuestro camino atraviesa la vega cerealista y el curso del río Odrilla, habitualmente escaso de agua y con el cauce invadido por carrizos y espadañas, plantas hasta recientemente muy apreciadas para tejer con ellas cestos y sillas. Un ascenso en fuerte pendiente nos conduce a la cima plana del Teso de Mostelares, donde podemos disfrutar de una excelente vista de la verde vega del Pisuerga y el dorado océano de la Tierra de Campos.

Un suave descenso entre ondulados campos nos lleva hasta la Fuente del Piojo, área de recreación y descanso ya en las inmediaciones de la primera localidad con que nos encontramos; Itero del Castillo. Su larga historia como punto fronterizo entre Castilla y Campos, o Burgos y Palencia, lo acredita su propio nombre que deriva del término latino "ficto", utilizado en la expresión "mojone ficto" que significa "piedra clavada en el suelo, marca de frontera", y que dio lugar al término castellano "hito".

La rehabilitada ermita de San Nicolás se constituye en la actualidad en un curioso albergue regentado por una orden italiana que, a la antigua usanza, funciona también como centro de oración. Este ejemplo está empezando a ser imitado en otros puntos de la ruta.

Reconfortados, seguimos nuestro camino salvando el río Pisuerga por el Puente Fitero. Once arcos de medio punto conforman este puente, número que para los iniciados en esoterismo siempre representó cambio, transición, desconocimiento y peligro y nos hace preguntarnos qué mensaje o advertencia quisieron enviarnos sus constructores.

Grandes áreas desarboladas, el omnipresente cereal acompañado de extensiones de remolacha y aisladas choperas a la orilla del río se extienden ante nosotros. Jilgueros, alondras y pinzones amenizan con sus cantos nuestro transitar y se constituyen en presa preferida de otro de nuestros compañeros de viaje inseparables en este trayecto; el aguilucho cenizo. Alcanzamos así la ermita de la Piedad (siglo XIII con talla de Santiago Peregrino), ya en las inmediaciones de Itero de la Vega, que pertenece ya a la provincia de Palencia. No es extraño que, paseando por las calles de este pueblo, advirtamos unos sorprendentes tableros apoyados en las puertas de las viviendas. Su función es prevenir las inundaciones que provocan los fuertes golpes de agua o tormentas veraniegas.

Una suave subida, casi imperceptible, entre campos de cereal y tesos no muy lejanos nos separa de Boadilla del Camino, que conserva uno de los rollos más emblemáticos de toda la ruta jacobea y marca el punto donde eran juzgados los acusados de cometer graves crímenes en toda la zona. Emblemática también de su patrimonio artístico es la pila bautismal románica tallada con evocaciones célticas que se guarda en su iglesia de la Asunción.

Desde los alrededores de Boadilla, nuestro camino corre paralelo en muchos tramos al Canal de Castilla. Esta magna obra de ingeniería iniciada en el siglo XVIII funcionó inicialmente para el transporte de mercancías en barcazas arrastradas por bestias de carga desde Castilla hacia los puertos del Cantábrico. Con la llegada del ferrocarril su uso pasó a ser como canal para el riego, y en la actualidad se ha iniciado tímidamente su explotación turística con recorridos en balsa o a caballo.

Nos presentamos así en Frómista (del término latino "frumentum", trigo). Habitada ya en tiempos anteriores a los romanos por la tribu celta de los vacceos y refundada en la Alta Edad Media, allá por el siglo XI Doña Mayor, esposa de Sancho III de Navarra, mandó construir aquí un monasterio que acabó dependiendo del de San Zoilo de Carrión de los Condes. De esta obra nos queda la iglesia de San Martín, verdadera cabeza de serie del románico español. Destaca por la ingravidez y armonía de sus formas, que parecen querer abandonar el románico, y por su riqueza escultórica, con más de 100 capiteles decorados y más de 300 canecillos de los cuales 86 fueron reemplazados durante la restauración del siglo XIX por considerarse de contenido indecente por las autoridades eclesiásticas. No faltan entre estas esculturas las de contenido iniciático y simbolismo telúrico.

Paradójicamente, de este mar de cereal que rodea Frómista es natural Pedro González Telmo, que se convertirá en patrono de los marineros españoles. Su nombre también se le dio al fenómeno lumínico que se produce en los barcos durante las tormentas (el fuego de San Telmo)

Podremos admirar otras obras arquitectónicas de diferentes épocas en el municipio mientras saboreamos sus reconocidos quesos, elaborados con leche de oveja y alguna medida de leche de cabra que recuerdan a los quesos manchegos.
Para los apasionados del románico y el gótico, recomendamos una excursión al cercano pueblo de Astudillo, rico en ejemplos de ambos estilos.