Etapa Belorado-San Juan de Ortega del Camino de Santiago que www.infocamino.com pone a su disposición. Para acceder a esta información pulse aquí
Abandonamos Belorado cruzando el río Tirón y su denso soto de
chopos y sauces para iniciar un suave pero sostenido ascenso entre parajes desarbolados y campos cerealistas que nos
llevará a TOSANTOS, villa enclavada en un pequeño valle dominado por la ermita de la Virgen de la
Peña, pegada en parte y en parte excavada en la roca de un cerro calizo, y en la que se custodia una talla de la
Virgen.
Continuamos el cómodo ascenso por una zona de relieve suave que nos lleva a VILLAMBISTIA, donde se
conserva un tramo de la calzada original, y más tarde a ESPINOSA DEL CAMINO. Son éstos unos pueblos
"envejecidos", semi-abandonados, donde nos dejamos invadir por la tranquilidad y el sosiego.
Una breve pero fuerte ascensión nos lleva hasta el Ábside de San Felices, rústica capilla donde se dice
descansan los restos de Don Diego Porcelos (fundador de Burgos). Esta subida nos indica que nos
encontramos ya en las estribaciones de los Montes de Oca, aunque antes de afrontar su ascenso disfrutaremos de un
tramo de falso llano que nos lleva a VILLAFRANCA DE MONTES DE OCA. En esta localidad, para los curiosos
resultará muy interesante el instrumental médico medieval encontrado en el hospital de San Antonio o de la Reina, que fue
administrado por los antonianos y se especializó en el tratamiento de la erisipela entre otras enfermedades.
Nada más salir del pueblo, en las primeras rampas de
ascenso a La Pedraja, aparece el desvío a la ermita románica de la Virgen de la Oca,
edificada en un hermoso prado junto al manantial de las Fuentes de Oca y del Pozo de San Indalecio. Según la tradición,
en este paraje fue donde este santo, primer obispo de Villafranca nombrado nada más y nada menos que por el mismísimo
Santiago, sufrió tormento y martirio haciendo brotar en el lugar un manantial de agua milagrosa. Legendario para unos,
sagrado para otros, el lugar sin duda es adecuado para que todos repongamos fuerzas antes de afrontar el definitivo
ascenso a La Pedraja.
Iniciamos así la dura ascensión al alto de La Pedraja, punto en el que abandonamos la cuenca del
Ebro para entrar en la del Duero, río que recoge las agua fluviales de la Meseta Norte. Alcanzamos el puerto en una zona
despejada con amplias panorámicas hacia los páramos arbustivos que se extienden al norte.
Desde el alto hasta San Juan de Ortega nuestro camino discurre entre bosques de robles, pinares y hayedos con profusión
de helechos. Si tenemos suerte, generalmente al amanecer, podemos sorprender en estas latitudes a corzos, zorros y
jabalíes que trasiegan por la zona en busca de alimentos. En este último tramo escasea el agua
potable, por lo que se recomienda al peregrino hacer acopio suficiente de la misma.
La travesía de los Montes de Oca fue en la
antigüedad uno de los tramos más temidos por los peregrinos. La densidad de sus bosques aumentaba el riesgo de
extravío y los convertía en refugio ideal para proscritos, ladrones y salteadores de caminos. Si a esto sumamos la dureza
del clima y los aullidos de las manadas de lobos que habitaban los montes, entenderemos el terror que embargaba a los
peregrinos al emprender este tramo de la ruta jacobea. No faltan las leyendas sobre la desaparición y muerte de muchos
peregrinos en esta zona, como la que cuenta la de aquél que, muerto en estos parajes, resucitó ante la vehemencia de
las oraciones de sus familiares en Santiago y fue hallado por éstos a su regreso de la peregrinación.
Estos fueron los motivos que llevaron a San Juan de Ortega, discípulo de Santo Domingo de la Calzada, a fundar su
complejo hospitalario en lo más denso de estos bosques después de la peregrinación que realizó a Tierra Santa.
El complejo floreció en el siglo XII, en vida del santo, y permaneció activo durante toda la Edad Media. En el siglo XV
recobró parte de la importancia que tuvo gracias a la reina Isabel la Católica. Desde época medieval, se atribuyeron al
complejo de SAN JUAN DE ORTEGA facultades para favorecer la fecundidad. Con este fin lo visitó la reina
Isabel que, agradecida por los resultados, realizó importantes remodelaciones.
De esta época se conservan la capilla gótica de San Nicolás de Bari y el suntuoso mausoleo
donde yace una estatua de San Juan de Ortega. De la época de su constructor son los tres ábsides, el transepto, el
sepulcro románico del santo y la mayor parte de sus capiteles. En
estos últimos encontramos una nueva representación del combate entre Roldán y Ferragut, pero sobre todo admiramos el
efecto lumínico que se produce en los atardeceres de los equinoccios, cuando
el sol ilumina un capitel que recoge una secuencia de la Anunciación, Visitación y Natividad.
Tradicional de San Juan de Ortega es el caldero del peregrino y las sopas de ajo, preparados con cariño y
experta mano por el párroco Don José María. Si nuestra visita la realizamos el 2 de junio, nos sorprenderá la romería que al
lugar realizan desde los pueblos vecinos, con profusión de cruces y pendones en honor al santo.