Etapa Larrasoaña-Pamplona del Camino de Santiago que www.infocamino.com pone a su disposición. Para acceder a esta información pulse aquí
Etapa que transcurre íntegramente recorriendo el Valle de
Esteríbar, regado por el río Arga, al que hemos entrado la jornada anterior a la altura de
Zubiri. Ruta amable, sin grandes desniveles, que discurre en su mayor parte entre la vegetación propia de las riberas de los
ríos y los prados y pastizales. Visitaremos en este entorno ZURIAIN, IROZ, ZABALDICA y ARLETA, que llama la
atención por su exiguo caserío formado por la Iglesia de Santa María que custodia una talla gótica de la titular y
por el palacio del Señorío.
Recomendamos especial cuidado y precaución en el tramo entre ZURIAIN e IROZ que vamos a
realizar por el arcén de la carretera N-135.
Los prados y pastizales van dando paso a la llanura cerealista de la cuenca de Pamplona y los bosques de boj y roble van
dando paso a los formados por pino de repoblación y éstos progresivamente a las frescas choperas a orillas del
Arga, el verdadero protagonista de la jornada.
Pasado ARLETA el camino nos lleva a la
basílica de la Trinidad de Arre, que aparece como un último paraje con sabor rural y jacobeo (con su
puente-hospital) antes de adentrarnos en el tramado urbanístico del cinturón de Pamplona, compuesto por los municipios
de VILLABA y BURLADA que se extienden sin solución de continuidad hasta la entrada en
PAMPLONA. Si tenemos suerte, en los alrededores de Villaba podemos encontrarnos al famoso ciclista
Miguel Induráin (natural de este municipio) paseando en bici.
Mención especial merece la bella entrada a la ciudad de Pamplona, cruzando el Arga por el
puente medieval de la Magdalena, donde nos saluda una talla en piedra del apóstol, y el Portal de Francia
también llamado de Zumalacárregui.
En definitiva, jornada corta y suave que nos permite disponer de unas horas para recorrer una ciudad cargada de historia y
tradición y para disfrutar de su proverbial buena mesa.
Pamplona, fundada por el general romano Pompeyo sobre una aldea vascona llamada
Iruña, debe buena parte de su auge y esplendor al Camino de Santiago y a su condición de capital
del Reino de Navarra durante siglos. Sin embargo, lo que le ha dado fama universal son las fiestas de San
Fermín, los Sanfermines, que se celebran del 6 al 14 de julio, en las que se mezcla devoción al santo, juerga y
desenfreno sin medida y antiguas tradiciones como los mundialmente conocidos encierros de toros por las calles del Casco
Viejo. Si el peregrino alcanza la ciudad en estas fechas corre serios riesgos de perderse en la multitudinaria algarabía y
olvidar durante días la finalidad de su viaje.
Recomendamos dar un paseo por el Casco Viejo
de la ciudad y visitar la Catedral (gótica con fachada neoclásica) que incluye un magnífico claustro gótico y el
Templete del Lavabo cuya reja, según la tradición, se forjó con el resto de las cadenas que Sancho el
Fuerte trajo de la batalla de las Navas de Tolosa de las que vimos una parte en
Roncesvalles. Junto a la catedral, podemos observar la Fuente de Sta. Cecilia que más de uno
reconocerá por haber visto en televisión lanzarse a los extranjeros desde lo alto hacia un mar de brazos que amortigua sus
caídas durante los Sanfermines. En el Casco Viejo podemos ver también la Iglesia de San Saturnino y la
de San Lorenzo, que guarda las reliquias de San Fermín, la Cámara de Comptos y el Museo de
Navarra.
Entre los muchos vestigios que quedan de la peregrinación jacobea
destacan las vieiras que decoran la iglesia de
Santo Domingo, donde los dominicos instituyeron una Universidad bajo el patronazgo de
Santiago.
Nuestro itinerario por el Casco Viejo lo completaremos replicando el recorrido que toros y corredores
realizan durante los encierros de San Fermín, en el que podemos admirar la Plaza Consistorial, la
calle Estafeta con sus palacios familiares de estilo barroco y la Plaza de toros, muy cerca ya de la
Plaza del Castillo.
Fuera del Casco Viejo son reseñables los parques del Baluarte del Redín, la Taconera
y la Ciudadela, un cinturón verde de grandes dimensiones ubicado en el corazón mismo
de la ciudad y que nos ofrece magníficos céspedes, fuentes y sombras en las que descansar.
Nuestro descanso lo completaremos reponiendo fuerzas. Podemos
disfrutar en los restaurantes de la ciudad de la cocina típica navarra y sus productos (espárragos, alcachofas, cogollos de
Tudela o pimientos de piquillo provenientes de la ribera del Ebro, carnes y embutidos de la montaña, quesos, y vinos
denominación de origen Navarra). Sin embargo, recomendamos que el recorrido cultural por Pamplona se
convine con otro gastronómico visitando algunos bares del Casco Viejo saboreando los deliciosos y famosos
"pintxos" o pequeñas raciones de diversos
productos acompañados de un vaso de buen vino de la
tierra. Recomendable sin duda el renombrado chorizo de Pamplona y la txistorra, embutido fresco
de cerdo que se come asada o frita. Una copa del famoso pacharán (bebida digestiva elaborada con anís,
frutos de arañón, canela y unos granos de café) nos dejará listos para un merecido descanso.
Para realizar unas compras, especial mención merecen las botas de vino ZZZ, un buen sustitutivo a la
calabaza jacobea, souvenirs jocosos varios de Kukuxumusu o productos típicos de la tierra como
repostería, embutidos, vinos y pacharán.